Motivos para no ser feliz

27/06/2008
Hoy la sonrisa es cara. Se sabe que si la demanda de un producto aumenta también lo hace su precio. El capitalismo se ha dado cuenta y sólo en la producción y en la venta de sonrisas está su negocio, nunca de felicidad. La felicidad de nuestras sociedades, que ya sólo se mide por el nivel de sonrisas, divide al mundo en dos mitades. La de los que pueden comprar sonrisas y la de los que no pudiéndolo hacer lo desean.

(Nota para cuando me quiera convertir en capitalista y quiera montar un negocio de producción y venta de inutilidades. Construir y vender un medidor de sonrisas, el sonrisímetro)

A Mc Donalds le ocurre como a Platón en la filosofía; que después de él no se han hecho más que comentarios, glosas, cizalla de poca monta. Fue la de Ronald la primera empresa que vendió sonrisas de a kilómetro y que puso como su imagen y como su logo a un gran payaso.

Las marcas tecnológicas han aprendido muy bien de la filósofa de la comida basura y mejor que vendernos el producto final nos sacan los cuartos vendiéndonos el medio para conseguir la sonrisa que es una estafa a la palabra felicidad. Las televisiones.

Lo mismo el televisor que los ansiolíticos son, a falta de la llegada del sonrisímetro, los mejores medidores de la infelicidad de una persona. Si quieres saber si una persona es una tarada del carajo ve a ver la configuración de su casa y la de su armario de los medicamentos. Quizá todo gire en torno a una pantalla y a unos botecitos que le hagan olvidar que tiene cruzados los cables.

Ayer no tenía desde luego motivos para ser feliz con una sonrisa. Vi el partido desde luego y pasé un buen rato. Se vio buen fútbol desde luego. Pero hoy es desde luego un día como los demás. Exactamente igual que los demás. Malas noticias económicas, peores políticas y si los motivos para la felicidad ya son pocos, nos quitan de la ración de pan y circo al primero de sus elementos y sólo nos dan ya del segundo.

Sonrisas a mitad de precio. Querido lector, regalo vales que me han echado en el buzón, códigos promocionales que me han enviado al e-mail, emoticonos incomprensibles que me han puesto en los sms por teléfono móvil. Regalo a todos las sonrisas, porque para ser feliz ni las necesito ni las quiero.

Ni tan siquiera creo que me sirva eso que nadie sabe lo que es, pero a lo que dan el nombre de felicidad. Esa fémina que es la más buscada, la más nombrada, la más cara y a la vez la más falseada.

Esa fémina, la felicidad, que parece haber abocado a los hombres al castigo de no encontrarla cuanto más se la busca y se nombra.

Esa que dice, nómbrame y no me encontrarás.