Little Gidding (I)

02/06/2009
El reloj estropeado nunca equivocará las horas.
Suspenso el tiempo entre los polos de sus manecillas,
vive en los ojos de la ceguera. Y la primavera, cuando sorprende en invierno,
es más que nunca su propia estación.
Deberíamos pegarles fuego a todos los símbolos del tiempo en una pira pentecostal.
Sacrificio de lo votivo. A nada vivo huele,
a nada ni a nadie huele el holocausto que entra por las divinas narices de dios.
No hay ceniza.
Los ojos de los corderos degollados por la teoría de la comunicación
florecen durante una hora. No hay capullos. Sólo nieve.
Y la tierra es totalmente ajena a los ciclos de la generación.
¿Dónde estás? Desde que no te pareces a nada no te leo

Lector

si vinieras aquí en mayo encontrarías a mayo copulando con tus amigos.
Con el seto florecido, con el tejón. Con tus propósitos y con tus intenciones.
Son muy putas las cosas para un monarca desterrado de la nada,
con el mundo de lo invivo que se niega a reinar.
Otros muchos lugares hay que son el comienzo de todo, con dentona incisión de fauce.
Así muerde un libro como el desierto.
No estás en él para leer nada.
Tampoco los judíos fueron nadie porque no es nada su testimonio.
Elige a qué parte de ti acabo de satisfacer con esta frase y te dirás de qué padeces.
Si no tienes otros amigos que los muertos das una pena magnánima.
Bendito seas, amigo sólo de los muertos.
Bendita sea tu pena y bendito sea el lenguaje de los muertos,
en el nombre del aquí y del hoy. Amigo

solo.