No hombres políticos

Ortega: Masa vs. Singularidad

31/01/2008
ampliar
“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone donde quiera. […] La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese todo el mundo no es todo el mundo. […] Ahora todo el mundo es sólo la masa.”

¿Cómo conciliar lo dicho por Ortega y las cada vez más asfixiantes voces de las personalidades singulares que piden soberbio paso imponiéndose sobre el coro de las demás? ¿No estáis hartos ya de quienes reivindican con una soberbia que asusta la imposición por derecho de su singular carácter, de su individualidad soberana por encima de las demás? ¡Yo soy así y han de aceptar como soy! Quienes así hablan, la mayor parte de las veces quieren dominar nuestro tiempo con el imperio de sus fallas y de sus defectos. ¿Acaso tiene un hombre verdaderamente libre la necesidad de hablar así? ¿No es quizá el modo menos singular e individual de hablar el que tienen estos pequeños déspotas por derecho? ¿No oímos chillar a la masa como un coro detrás de sus palabras? ¿No es acaso más libre el hombre al que la masa no ahoga con sus derechos?

Después de que A. Einstein formulase la teoría de la relatividad, la comunidad científica, herida en sus más sólidos cimientos ejerció su derecho a la réplica y el de libertad de expresión en masa. Tras un multitudinario mitin en el Berlín de 1920, decenas de déspotas firmaban un manifiesto contra las teorías del genio. Tras este acto de gran repercusión mediática, Einstein fue entrevistado por un reportero de un medio local cuyas preguntas también venían ventrilocuadas por la masa. Le preguntó su parecer acerca de tan manifiesto y masivo rechazo contra sus tesis. Albert le respondió: “… sólo uno de ellos con la razón de su lado hubiera sido más que suficiente”.

Santiago Ubieto

18/02/2008
ampliar
Le pedí a un hombre sabio, inteligente y bueno una autobiografía resumida cuando confeccioné su página web. Hela aquí:

"Mis amigos de www.caminosdepakistan.com me han insistido para que cuente algo de mí, quién soy. No sé qué puedo contar que sea de interés. Creo ser un hombre normal que he tenido y sigo teniendo las inquietudes y la vida que pueden corresponder a cualquier hombre de edad madura.

Hay muchos hechos y sensaciones que no sé si marcan la vida pero se recuerdan más en algunos momentos. Tal vez la España de mi infancia, la de mi juventud al final del franquismo, una España recordada y sentida gris, en blanco y negro en el mundo rural y de colores contenidos, que pugnaban por salir, en algunas ciudades como Barcelona, la de mi juventud, a la que llegué, siguiendo a mis padres, en el proceso migratorio, del final de los años 60 en nuestro caso. Emigraciones masivas a las grandes ciudades por causas diferentes casi siempre económicas. Un mundo deslumbrante, entonces, por lo que únicamente podía intuirse desde la propia inquietud y las ansias infinitas de libertad desde lo más hondo del alma. En ese mundo, el recuerdo de gente acobardada, encogida, la mayoría y de gente embarcada en su aventura de libertad imposible, la minoría.

Mi búsqueda incesante, tímida a veces, imparable en muchos momentos. Ambientes, gente, grupos,... todo se cruza en el camino, desde la primera masonería, todavía no legal, hasta el esfuerzo y luego la decepción ante la libertad y especie de democracia regalada, otorgada, nunca ganadas colectivamente y por pocos luchada y trabajada. Una Universidad, donde estudié con el pequeño esfuerzo de quien se ve obligado a simultanear trabajo, estudio, inquietudes, ansias de todo, también en Barcelona. Universidad en ebullición, a veces, inquieta y contradictoria.

El Madrid que recuerdo de final de lo 80, donde estuve varios años, que más memoro como un torbellino que como el pasar del tiempo.

Trabajos profesionales: empresas, proyectos, estudios, docencia,... Lo que la gente llama éxitos y lo que la gente llama fracasos y es mucho más que eso, es, tan sólo, camino caminado.

Errores, tal vez aciertos, no lo sé. En realidad poco importa lo hecho y poco importa lo omitido, tan sólo lo que uno es y ni aun siquiera ante el mundo de los roles sociales sino ante la propia conciencia desde la total sinceridad.

Una vida, como otras muchas, el camino andado, de parecer buscar a uno mismo cuando todo está tan próximo que no se ve, y, siempre aparece el mundo, tremendo, duro, asombroso, infinito, y uno simplemente desea ser, estar en el mundo y ser mundo."

Santiago Ubieto

El delirio · Castilla del Pino

15/02/2008
ampliar
Como nos demuestra Carlos Castilla del Pino, el delirio se caracteriza por la vivencia de una realidad que tan sólo es real en la mente del sujeto delirante. Éste último la crea y se la cree. El delirio está pues en la esfera no ya del creer sino en la del querer creer.

Extender el delirio o delirizar sería tratar de hacer que los demás crean también en el propio delirio, y hacer del mundo entero mundo delirante, mundo sólo para el delirio.

El libro de Castilla del Pino se llama El delirio, un error necesario, error por supuesto también el de tomar al pie de la letra el título.

¿Tomaremos también al pie de la letra los nuevos datos de la encuesta del CIS que cifra en empate técnico la distancia entre los mayoritarios partidos? ¿Tomaremos al pie de la letra la tasa de inflación más alta desde 1995? ¿Han de prescribir los políticos cuándo conviene leer al pie de la letra o cuándo conviene leer con giros, metáforas y eufemismos?

Píos deseos para empezar la legislatura que viene: que no hagan de mi vida un delirio.

Pérez Reverte XL

29/02/2008
ampliar
Este tipo es un maleducado de cuidado. Cuando a tal actitud se le une la lucidez, queda formado un cóctel que me gusta beberlo saboreándolo muy despacio y tragándolo con fruición y complacencia demoníaca. Siempre me parecieron sus novelas idiotas. Historias tontas para tontos, pero mira por dónde, para mí, perece y revierte este tipo su forma de ser y renace con un artículo en el Semanal, en versión XL, más grande que nunca, y que comienza a repartir ostias a los políticos en lo tocante a la educación comenzando de esta manera:

"Permitidme tutearos, imbéciles".

Es largo pero no me digáis que no promete esta hijoputada. Suscribo de cabo a rabo su cojonudez XL. Os lo adjunto en PDF para que os lo bajéis.


No es normal

03/06/2008
Hay cosas que entran dentro de lo normal. Son esas cosas que la mayor parte de la gente que conozco sabe hacer, sin embargo, parece que yo haya nacido para ignorar su modus faciendi. Mi incapacidad entra entonces dentro de los límites de la subnormalidad.

Se podría decir que he nacido sin ninguna facultad para saber hacer ninguna de las siguientes cosas:

- Hacerme el nudo de la corbata.
- Hacer una raíz cuadrada a mano sin que parezca que estoy anudándome la corbata.
- Orientarme en una ciudad que no es la mía.
- Orientarme un sábado por la mañana en mi propia cama.
- Terminar un autodefinido, sopa de letras o juego de las X diferencias.
- Terminar el cubo de Rubik.
- Bailar sin que parezca que mis pies están haciendo un jeroglífico.
- Saber cuántos centimos tengo que darle a la cajera para que me devuelva justo.
- Saber cuándo alguien va puesto y además de qué sustancia.
- Hablar fluidamente en otro idioma que no sea el mío.
- Hablar fluidamente en mi propio idioma.
- Hacer la mayonesa casera sin que se me corte al menos dos veces.
- Cortar a tiempo las relaciones y conversaciones coñazo.
- Planchar sin arrugones.
- Hacer salsa de pesto sin espantar luego a los vampiros.
- Asignar melodías personalizadas a los contactos del teléfono móvil.
- Retener una llamada y cambiar de conversación sin colgarlos a todos.
- Hacer un colacao sin grumos.
- Nadar en cualquiera de los estilos existentes sin parecer una foca.
- Quitarme el gorro sin el pelo poseído por la electricidad estática.
- Salir guapo en una fotografía.
- Encuadrar bien una fotografía.
- Firmar siempre de la misma manera.
- Acordarme de firmarla cuando entrego una instancia.
- Saber salir del bar e irme a mi casa a la hora correcta.
- Calentar algo en el microondas sin que se quede helado o ardiendo.
- Cambiarle la cámara a las ruedas de la bibicleta.
- Contar una historia para que a los demás también les parezca graciosa.
- Acordarme de las notas de una canción.
- Acordarme de la letra de una canción.
- Decir un piropo sin aturullarme y parecer imbécil.
- Ponerme un condón sin parecer un hijo por accidente de Pepe Viyuela.
- Bajar unas escaleras de dos en dos.
- Reinstalar el sistema operativo.
- Doblar la ropa y dejarla que parezca de tienda.
- Envolver un regalo y que parezca de tienda.
- Dar un beso y que no parezca de tienda.
- Escribir en 5 palabras lo que escribo en 500.
- Hacer de una vez una canción que no se quede sólo en poema.